jueves, septiembre 4

REFLEXION


Esto me lo mandaron por correo y me llamó la atención. Tal vez , esta situación le pase a muchas parejas.
DAN


Me siento automutilada psicológicamente, más que un acto de cariño desinteresado y generoso es una rendición guiada por el miedo con el fin de preservar lo bueno de la “supuesta relación”.
Siento que estoy sufriendo una despersonalización lenta e implacable, ésta no soy yo.

Llevo casi cuatro años en este (no se como llamarle) pero estoy comenzando a cansarme y el problema no es el tiempo, es el trato que recibo, no puedo demostrar que lo quiero públicamente porque es totalmente arisco, cuando le hago un detalle es como si se lo debiera y las gracias para el es mas que suficiente, no me da acceso a poder abrazarlo, acariciarlo o besarlo, después de satisfacerse sexualmente (él) porque yo no disfruto en su totalidad por pensar que no lo hace de corazón, se quita y ya, no ha pasado nada, cuando me encantaría poder pasar la noche entera con el y despertar a su lado, si pierdo la cordura y lloro por ya no soportar la situación me echa en cara que nunca ha querido “involucrarse” conmigo además de restregarme que es casado y tiene familia y que lo que somos es un “vacilón”. Que puede llevar a una persona a resistir este tipo de agravios y someterse de esta manera?

Me he preguntado mil y una vez por qué no lo dejo? Y como siempre respondo “porque lo amo” y hasta me puse a dudar si realmente lo amo. No hay otro camino, debo liberarme de el sintiendo que lo quiero pero que no me conviene. Una buena relación necesita más que afecto en estado puro.

Si él está a mi lado, me encanta, lo disfruto, me alegra, me exalta el espíritu; pero si no está, aunque lo resienta y me haga falta, puedo seguir adelante. Igual puedo disfrutar de una mañana de sol, mi comida favorita sigue siendo apetecible (aunque como menos), no dejo de trabajar, mi vocación sigue en pie y mis amigos me siguen atrayendo. Es verdad que algo me falta, que hay algo de intranquilidad en mí, que lo extraño, pero sigo, sigo y sigo. Me entristece, pero no me deprimo. Puedo continuar haciéndome cargo de mi misma pese a su ausencia. Entonces no hay apego, no hay dependencia psicológica, en realidad lo amo, el sabe que cuando se lo demuestro soy transparente, pero esto no implica que no sea capaz de sobrevivir sin el, ni siquiera tengo con el actitudes posesivas ni dominantes, solo quiero que nos amemos en libertad y sin miedo a ser lo que somos; entonces por qué no disfrutarnos plenamente, por qué desperdiciar lo perfecto que podemos llegar a ser, que será lo que realmente le sucede si sus ojos, su mirada, no reflejan lo que me dice con palabras.

Será apego sexual? Porque puedo decir que éste mueve montañas, derriba tronos, cuestiona vocaciones, quiebra empresas, destruye matrimonios, sataniza santos, enaltece beatos, humaniza frígidas y compite con quien sea. Cuando la adicción sexual es de parte y parte, todo anda a pedir de boca. La relación se vuelve casi indisoluble. Siento que somos adictos al erotismo, alimentando a cada instante el apetito, jamás saciarnos y si esto no es lo que el siente, yo tendré que acabar con todo esta pasión, valiente e inquebrantablemente rezar mucho, entregarme al ángel de la guarda o irme a vivir a Alaska, lo más lejos posible del oscuro objeto del deseo, porque inexplicablemente humedezco mis adentros cuando estoy a su lado.

Quiero amarlo no para anularme sino para crecer de a dos!

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
No me voy a mantener atada a una forma de tortura pseudoamorosa de consecuencias fatales para mi salud mental y física.

Es duro aceptar que no me quiere con todas las ganas. Y no me refiero al placer que produce sentirse amado sino a la autoestima implicada. Cuando la persona que amamos nos quiere a medias, con limitaciones y dudas, la sensación que queda es más de agradecimiento que de alegría, como si estuvieran haciéndonos un favor. Una buena relación no permite reparos afectivos. Cuando el sentimiento vale la pena, es tangible, incuestionable y casi axiomático. No pasa desapercibido, no requiere de terapias especializadas ni de reflexiones profundas. Se destaca y se nota. Si hay dudas el afecto está enfermo. Sanarlo implica correr el riesgo de que se acabe; dejarlo como está es hacer que el virus se propague.

Cuando una persona está enamorada lo sabe, lo siente, lo vive en cada pulsación, porque el organismo se encarga de avisarle. No pasa desapercibido. El amor llega como un huracán que rompe todo a su paso. Si alguien no se diera cuenta de que el amor lo está atravesando de lado a lado, debería de pensar que tiene algún daño neurológico incapacitante, o una esquizofrenia catatónica, autismo avanzado o hasta mongolismo. En fin si alguien no sabe que te quiere, no te quiere.

Posiblemente el tendrá su manera de amar (si fuera el caso) pero si esa manera de amar incluye antipatía, indiferencia, egoísmo, trabajo excesivo, cansancio crónico, lejanía afectiva, etc. no es amor. Si verdaderamente me amara hasta las últimas consecuencias estaría conmigo.
Posiblemente algún día el caiga en cuenta, se arrepienta y haga un reconocimiento público del viejo amor perdido, pero el problema es el tiempo, es decir, cuando?. Más de una persona en el silencio de la profunda orfandad afectiva maldice el haberse jugado la vida a una sola carta, a un sueño interminable que se convirtió en plantón.

Cuanto hay que esperar? Semanas, meses, años? Se justifica la demora? No es mejor oxigenar la vida con alguien que no necesite retiros espirituales y ausencias lejanas para reconocer que somos queribles? A pesar que el sentido común sostiene que las cosas hay que perderlas para valorarlas, desde mi punto de vista y refiriéndome exclusivamente a una cuestión de respetabilidad personal, el solo hecho de que tenga que “perderme” para que empiece a “valorarme” es ofensiva. Yo no estoy esperando una evaluación a ver si pasé el examen como pareja, yo no soy un objeto de compraventa. El avalúo afectivo es insultante. Es mejor no vivir en ascuas. Si no me aman hoy, no me aman.

En determinadas circunstancias aprender a perder y retirarse oportunamente puede ser la mejor elección. Cuando la perseverancia se convierte en obstinación, la virtud cede paso a la inmadurez.

Me cansé del papel de “Amigavia”, una mezcla de amiga adelantada y novia venida a menos con toqueteo incorporado o hacer papel principal de cualquier otro experimento afectivo que permita mantener la ilusión de un encanto que no existe.

Una amante enamorada es una amante desubicada. Los juegos de placer, los ratos descansados, la pasión fluida y alegre que deben caracterizar a los buenos amantes, se convierte en una maraña afectiva, un nudo gordo donde cada intento por deshacerlo lo hace más fuerte y si la relación no es mala o poco convincente, peor, es mejor terminar de una vez por todas con la tortura de estar mal emparejado.

Aunque me duela el alma y mi organismo entre en crisis de abstinencia, no hay otro camino. Debo dejarlo.

Merecer significa “hacerse digno de”. Expresiones como te entiendo, lo acepto, lo disfruto, me alegro o tu amor es un regalo son manifestaciones de aceptación y buena recepción pero si el no aprecia lo que le doy, no lo comprende o no lo traduce, el amor se deshace en el camino. Un amor que no llega es un despilfarro energético, no puedo amar a quien no me quiere. No tiene sentido entregarme a alguien que no quiere estar conmigo. Si no me ama, no me respeta o me subestima no me merece como pareja.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Indudablemente, es un sincero análisis para todas aquellas mujeres que por miedo a la soledad caen en relaciones tormentosas, degenerando su autoestima y su maravillosa condicion de mujer. Este tipo de reflexión debería darle la vuelta al mundo para contribuir en el despertar de tantas y tantas esclavas de relaciones saudomasoquistas.
Gracias por tan maravillosa historia que afortunadamente tiene un final feliz...

nadasepierde dijo...

Una relación asi no tiene sentido!!!!
hay que animarse a dejarla, soltarla y estar disponibles para encontrar lo que uno realmente se merece o necesita.
sino no sirve, solo nos engañamos a nosotros mismos.
Y se logra, en el momento en que corazon y cabeza se alinean en la misma dirección.
Increible, pero pasa.