viernes, diciembre 14

La Ruptura


Nosotros usualmente escribimos acerca de nuestros aprendizajes en las relaciones anteriores, pero muy poco acerca de la ruptura; sin embargo, de mis días con Pepe quizá lo más importante que aprendí fue acerca de saber cuándo poner punto final.

Pepe era ante los ojos de todos -incluidos los míos- la quinta esencia del chico bueno, católico, scout, serio, responsable, ingeniero y profesor de una prestigiosa universidad venezolana. Solía definirse como más fiel que magallanero adeco, pero la historia le daría -con el tiempo- la razón al viejo adagio que reza "dime de lo que alardeas y te diré de lo que adoleces".

Creo que al mes de iniciada mi relación con Pepe yo comencé a sentir que algo no andaba bien, de hecho, en ese momento tuvimos la primera de muchas discusiones y desaveniencias, claro que esa fué la más ligera. Yo creía que esa incomodidad tenía que ver conmigo, con mi pasado, con no estar acostumbrada a un "chico bueno" y así las cosas decidí ir donde el terapeuta, a ver si le encontraba sentido a mi angustia. El Dr. no pudo haber sido más claro conmigo y me preguntó "qué estás esperando para terminar con él". Sin embargo el autoengaño a veces puede ser más fuerte que la terapia, y salí del consultorio para no volver... y esas palabras quedaron retumbando en mi cabeza.

Los días posteriores a mi consulta fueron de locura, porque algo en mí quería salir corriendo, pero mi razón me decía que le diera tiempo al tiempo, que las cosas tendrían que mejorar, que nada podría salir mal esta vez. Mientras vivía en esa dicotomía interior las cosas con Pepe iban a la deriva, y él decía que la culpa de todo la tenía el Dr. que yo estaba perfectamente bien antes de verlo. No sabía cómo decirle que el Dr. no tenía nada que ver con eso.

Decidí tomarme un fin de semana libre de novio y salir con mi compinche y casi-hermano "Gurú"; nos pasamos unos días deliciosos en Ocumare que aprovechamos para conversar, reír, comer y hasta hacer yoga en la playa. Regresé relax sólo para encontrarme a Pepe hecho una fiera -aún cuando había jurado que no tenía ningún problema con ese viaje- ésa fue la primera vez que me gritó (y no sería la última) mientras discutía conmigo. Sin embargo mantuve la calma y continuamos de novios.

Eventualmente las cosas se calmaron y nos fuimos de viaje a su pueblo para conocer a sus padres. La verdad que el viaje fue una nota, tuvimos mucho tiempo de compartir, hablar y ser una pareja funcional, al menos por esas horas. Afortunadamente mi hermano mayor vive en ese pueblo y me quedé en el refugio de su casa. No conocí a los señores en las mejores condiciones, veníamos de viajar 12 horas por carretera y se podrán imaginar que yo estaba agotada y despeinada, sin embargo el decidió que tenía que conocerlos en ese instante. La cara de horror que puso su madre cuando me vió fue NADA comparada con los comentarios mordaces y nada sutiles que me dirigió durante todo el fin de semana. Su papá, en cambio, es un pan de Dios y un ser humano supremamente agradable, a quien siempre tendré en alta estima. Nuevamente, quise salir corriendo pero en vez de eso, me quedé. Total, yo no iba a ser novia de sus padres, ese suele parecer un razonamiento lógico, pero no lo es.

Así llegamos a Navidad, tiempo de alegría y de felicidad... la verdad es que es una de las mejores épocas del año para mí, y el espíritu navideño invadió todos los espacios de mi vida, hasta preparé unas tortas negras que Pepe se las llevara de regalo a sus padres. Total es tiempo de reconciliación. Yo pasé aquí unos días espectaculares con mi familia, y hasta estrenando sobrino, en fin, andaba bañada en agua de rosas.

Pero Año Nuevo no significó Vida Nueva y volvieron los problemas. No sé por qué me llamó desde su pueblo y tuvimos una discusión horrible, donde me gritó y me dijo muchas cosas hirientes, lo más triste es que yo me lo creí, porque si él era tan buen chico entonces yo era una mala chica, esos son los razonamientos de la baja autoestima que no conducen a nada bueno. Sin embargo ahí fue cuando yo me dije STOP, ya basta y decidí recuperar mi autoestima y mi confianza, ahora solo faltaba la entereza necesaria para salir de ahí, sin daños a terceros.

Pasé medio año pensando en cómo haría para salir de ahí sin causarle daño a Pepe, total, cuando no discutíamos era un ser totalmente maravilloso y un novio dulce y dedicado. Recuerdo que hasta leí páginas web que tenían desde consejos totalmente coherentes, como ir haciendo una transición gradual, hasta aquellos donde te daban excusas como que yo venía de una nave nodriza y debía regresar a mi planeta... y estuve tentada a usar esa excusa jajaja Recuerdo haber desayunado una mañana con una de mis mejores amigas y ella me dijo, sabes, yo siento que Pepe también está buscando cómo salir y simplemente no sabe cómo hacerlo. Esa fue otra frase poderosa que me hizo reconsiderar las cosas.

A la semana siguiente yo había empacado las cosas de Pepe que estaban en mi carro y en mi casa, las metí en una linda caja con su nombre y acordé vernos en un centro comercial. Me encomendé a Dios para que pusiera en mí las mejores palabras y así fue. Le dije que de todo corazón le deseo lo mejor en la vida, que esos meses fueron en parte como una montaña rusa de emociones y que yo sentía que llevabamos vidas paralelas, como si fueran eternas escaleras mecánicas que una sube y la otra baja, y así por instantes volvíamos a encontrarnos y luego a separarnos. La metáfora funcionó muy bien, nos abrazamos y pusimos punto final a esa relación, sin daños a terceros.

1 comentario:

Escondida dijo...

Que bien por esas sabias palabras que te dió tu amiga..:D
Y pues considero muy madura tu aptitud al hablar con Él y pues encadenándote a Dios, que para mi es lo que nos dá el coraje necesario para enfrentar ciertas cositas de la vida..:D
Lindo blog..
Espero seguir pasando..
Bexosss