martes, diciembre 11

Aprendiendo a Manejar


Deluyar fué el valiente que me enseñó a manejar después que todo el mundo había tirado la toalla conmigo, ni mis primos, ni los profesores de manejo habían logrado el milagro que Deluyar logró, y como a mí me encanta manejar, él logró volverse inolvidable de la mejor manera. Tuvo la paciencia, la pericia y la habilidad para convertirme en la conductora que ahora soy con muchos kilómetros de carreteras en mi haber, capaz de resolver en distintas circunstancias de camino y tan audaz como para irme de ida y vuelta a Paraguaná en un viaje express desde Maracay.

Ahora, viendolo todo con la luz de la distancia y de los años, me doy cuenta que no sólo aprendí a manejar un auto, aprendí a conducirme y a manejarme en una relación con una persona tan distinta de mí. Él protestante y yo católica, él estudiante de ingeniería y yo una estudiante de ciencias económicas, él absolutamente abstemio y serio, yo una chica amante de la música y las fiestas y sin embargo logramos hacerlo funcionar durante un tiempo porque aprendimos a manejar las diferencias y buscar el equilibrio, entre mi ritmo acelerado y su andar pausado, entre su pensamiento lógico y mi pensamiento irradiante.

Siento que lo logramos por pura voluntad, porque lo pasabamos bien juntos y porque al aceptar las diferencias del otro descubríamos un mundo nuevo. Yo aprendí muchas cosas de la vida a su lado, a ser más lógica frente a los retos de la vida, aprendí nuevas maneras de besar, de ser amiga y de ser pareja... también aprendí muchas cosas de autos y de computadoras -sus 2 hobbies- y algunas aún las aplico en mi vida cotidiana, más las de autos que las de PC


Y aunque logramos congeniar con nuestras diferencias, simplemente estábamos en distintos lugares de la vida, comenzando nuestro desempeño profesional y cada uno con sus propias ambiciones y sanos deseos de superación que hicieron que nuestra relación se fuera diluyendo. Además cada uno tenía nociones diferentes del compromiso y del futuro que veíamos para nosotros. A mí me parecía que nuestras diferencias de estilo de vida, aunque se podía sobrellevar en un noviazgo, no me parecía que pudieran congeniarse a futuro porque no sólo eran de forma, sino de fondo y de personalidades que a veces eran irreconciliables, pero agradezco todo lo vivido porque aprendí a manejar mucho más que mi auto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

GRacias a ese tipo de experiencias es que se puede ser agradecido con la vida por que ahora tienes la propiedad de reconocer que en amor se aprenden y aprehenden muchas cosas, ademas de que permite abrir caminos en la caminata de la vida...Respetando al otro como parte de uno, reconociendo que es un ser individual. Exitos.